
Ha muerto Antonio Puerta, el lateral izquierdo del Sevilla, el mismo día que el escritor Francisco Umbral. Se llevaban cincuenta años justos. Me viene a la memoria un artículo de Umbral, de hace ya mucho tiempo. La idea era que los ancianos no reconocen su rostro, cuando se miran en el espejo. Los hombres de cualquier edad llevan aún dentro de sí al niño que piensa que todos los caminos están abiertos, todas las cosas son posibles, incluso los sueños más improbables. Por eso todos los hombres mueren jóvenes, porque lo son. Antonio Puerta era muy joven y se ha muerto cuando se le estaban cumpliendo los sueños y tenía toda la vida por delante. Su muerte parece más injusta y paradójica, si cabe, aunque todas las muertes son injustas y paradójicas. Tenía 22 años, éxito, dinero, pareja, y un niño que está en camino. Todos los pronósticos sobre su futuro parecían favorables.
Las muertes como la de Antonio Puerta impresionan tanto, que se quedan grabadas, para siempre, en la memoria de toda una generación. Si se hubiera enterado, Umbral habría escrito una buena columna sobre ello.
Fuente: El Correo

















